Gracias a todos por el pasado compartido, a los que estan y a los que se fueron por haber hilado el tejido que conduce al presente; gracias a los que estarán, por las vivencias futuras...
y un muy FELIZ AÑO!!!!
H.
combinan siento un bienestar que no se encuentra en otros entornos, o en algunos lugares más que en otros, como Abbot y Costello o Ministry diez años atrás. Es el mismo bienestar que se siente al compartir junto a quien se estima una conversación absurda o interesante, una cerveza, una película, una conferencia, un proyecto, una idea, una comida, una confesión, etc. De releer un libro de hojas ajadas, de escuchar un CD o un ver DVD mareados de tanto girar, o un VHS con la cinta rayada. Es la sensación de encontrar el hogar, pero no un hogar permanente, si no uno transitorio; uno al que se puede acudir justo cuando se necesita de algo que compartir.
Peter Pan nunca llegó a los treinta. Se salvó del desconcierto de ver a sus amigos y amigas dejarse seducir lentamente por la amnesia del tiempo, olvidar sus ilusiones, casarse, reproducirse, divorciarse, aspirar a un futuro mejor que el presente, engordar, encanecer o sufrir de calvicie. También escapó (salvo por Wendy), de lidiar con las complejidades de la pareja, de tener que escoger a alguien lo suficientemente adecuado, de la angustia de no encontrar a nadie de su especie, de los húmedos placeres y las resbalosos y escarpados abismos de la sexualidad, de soportar en silencio la incomprensión para no hacer daño, de las discusiones, de las reconciliaciones de los sabores y olores de su pareja. Se salvó de un trabajo, de tener que esforzarse por ser ser algo en vez de ser alguien, de hacer venias por ganar favores o de perder favores por no hacer venias, de formar un capital y ahorrar para el futuro, del éxito o del fracaso.
Preocupante es reconocer que, si hemos tardado tanto tiempo en reconocer que todos los hombres tenemos los mismos derechos, ¿Cuánto tiempo tardaremos en reconocer y hacer valer los derechos de los animales?. Muchas personas alegarán superioridad sobre los animales (como lo hicieron antaño los esclavistas), para muchos tener mascota es un derecho, sin importar que trato se dé al animal (como los esclavistas), y otros se justificarán diciendo que los animales están mejor en casa que en la calle (como también lo hicieron quienes defendieron la esclavitud). Debido a que tengo una mascota, me sumo al grupo de los esclavistas, y lo mejor que puedo hacer para remediar la situación es dar el mejor trato posible a mi gato y garantizar el cumplimiento de sus derechos, como lo harían todos los que se encuentren en mi situación, lo que beneficiaría a los animales domésticos; el problema es que no todos los animales son domésticos y hasta ahora la humanidad (como siempre antropocentrista) trata de abogar por los derechos de los animales que les recuerdan a si mismos: los chimpancés, los gorilas, los delfines, las ballenas, etc.
Si comparamos el arduo camino recorrido por occidente para reconocer que todos tenemos los mismos derechos, con el fervoroso respeto por la vida sugerido por el budismo, descubrimos el inmenso retraso espiritual que tenemos frente a oriente (que opaca de lejos el retraso tecnológico de los países subdesarrollados frente a los desarrollados). Lamentablemente, como dije anteriormente, los ejemplos más universales se imponen, y es así como Oriente y las culturas indígenas de América, están siendo devorados por la occidentalización, frente a lo cual, lo único que podemos hacer es rezar, dar buen ejemplo y añorar con ver el día en que un árbol tenga los mismos derechos que un hombre.
Lo que Nina ignora es que desde que nació, y pese a sus habilidades, viene de un linaje de esclavos. Y no solo ella, también todos aquellos seres que han sido seducidos por lo que los humanos llaman domesticación; ya que aunque tenga todo cuanto requiera, carece de algo que poseía en su hábitat inicial: La propiedad sobre sí misma. También ignora Nina que tiene más sabiduría que muchos humanos que han utilizado su libre albedrío para crecer en estupidez; aunque dichos humanos no tengan la sabiduría para reconocerlo.
Hace poco leí sobre una caricatura en la que se ve un camino que se bifurca; por un lado el camino conduce a Dios; por el otro lado el camino conduce a las discusiones sobre Dios. No importa cuanta información produzcamos, las preguntas más simples siguen sin respuesta. Nadie podría demostrar que el mundo se acaba de crear hace tan sólo un instante y aparecimos aquí con nuestros recuerdos y con la ley de la inercia funcionando como si nada, que somos hijos de Adán y Eva, o que en cambio, la humanidad es producto de una mutación genética realizada sobre chimpancés por seres alienígenas con forma de dinosaurio. Tampoco puede la ciencia demostrar la existencia ni inexistencia de Dios, y aún así sigue siendo sorprendente que cada quien se empeñe en convencer a los demás que tiene la razón.
Un día por fin concluí que lo importante no es en lo que creemos, si no la forma como creemos. Una fe sin fundamento es tan poco válida como un ateísmo sin él; hay tantas formas de entender el universo, como seres existen en él, y en realidad no hay caminos opuestos, sólo caminos que avanzan por senderos distintos al mismo sitio. Como instituciones humanas las religiones están plagadas de errores (incluyo la ciencia occidental, que es otra forma de concebir el Universo), y generalmente sólo muestran la visión de un conjunto de hombres; pero al final son sólo son antorchas que alumbran el paso de los viajeros. De nosotros depende abrirnos paso entre la jungla de conceptos y sensaciones para crear nuestra propia visión del universo, o seguir el camino trazado por otros, por las trochas abiertas entre los arbustos; lo que implica conservar los buenos ejemplos y desechar los malos; tal y como se me dijo cuando me reincorporé hace unos años al catolicismo tras una largo receso:"El tonto ve el dedo que señala a las estrellas"

"Uno mas uno es uno si la suma somos tu y yo"
"La suma de uno más uno, si son los seres adecuados, puede ser el infinito"