A lo largo de la historia humana, mares de sangre se han derramado en tierras conquistadas, y posteriormente en tierras liberadas. Pueblos enteros se han exterminado, refundado y vueltos a exterminar. La lanza, la espada, el fusil y la bomba han sido los mecanismos para adquirir y recuperar, para imponer, defender y hacer respetar la vida, la tierra, la cultura, la ideología y la dignidad.
Es curioso que aún no aprendamos de los errores del pasado, y continuamente nos veamos inmersos en luchas sin sentido. En la defensa sus propios intereses muchas culturas pisotean a otras, como si el valor de una persona dependiera de la ubicación geográfica de sus nacimiento. Como si la acumulación de riqueza fuera el objetivo de estar vivo, y como si hubiésemos sido concebidos con el único fin de atesorar; atesorar dinero, tierras, electrodomésticos, autos, muebles, lujos, problemas, estrés...
Hoy recuerdo el
grito de independencia de un país que cree ser libre cuando busca ser esclavo; de muchos países que creyendo ser los pilares de la libertad encarcelan a sus ciudadanos en un mundo irreal que los hace esclavos de su cultura, vendiéndoles una idea falsa de lo que es la felicidad. Hoy recuerdo a todos aquellos que se han mantenido libres pese a ser estigmatizados y no se han vendido a culturas más poderosas a pesar de la pluma y la espada. A
todos ellos, aunque sus tierras hayan disminuido o desaparecido, aunque sigan siendo tratados como inferiores por la ignorancia de la civilización, aunque sigan siendo masacrados, aunque algunos de sus hijos ansíen occidentalizarse, y aunque casi no tengan fuerzas para resistir su extinción cultural, a todos ellos Feliz Independencia.