miércoles, enero 17, 2007

Sobre los finales felices para siempre

Incesantemente se repite la misma historia día tras día: Un príncipe conoce a una linda princesa, él no le es indiferente y deciden unir sus futuros por unos días, por unos meses, por toda la vida. Y tras compartir algún tiempo, el apuesto príncipe termina transformándose un ogro, y la delicada princesa en una bruja. Finalmente se ratifica lo dicho por el Hada Madrina en Shrek 2: "Los ogros no viven felices para siempre", y podría apostar que funciona igual para las brujas.

Me pregunto si acaso la felicidad de los romances Walt Disney ha de ser inevitablemente efímera, si no hay relación que no se agriete, ni princesa que no se embrujezca al menos un poco. Imagino que ha de haber un antídoto para evitar que me convierta en un ogro (de hecho, siempre he sido un ogro), sin que me transforme por tomarlo en un cretino sin libertad que ha dejado de lado media vida por una princesa que no lo valora o ni siquiera lo nota. Imagino que la pócima de "Felices para siempre" existe, pero sólo lo imagino, por que si todos los romances fuesen perfectos viviríamos "hasta que la muerte nos separe" con nuestra primera novia. Pero la experiencia no se aprende sin práctica, y muchas veces aún con ella. Incluso en una relación basada en la honestidad, hay quienes ceden mucho al principio, esperando que con el tiempo cuando haya mayor confianza, ya no haya que esforzarse innecesariamente, otros en cambio, exigen menos al principio, pero empiezan a necesitar cada vez más a medida que pasa el tiempo; hasta que las cargas empiezan a pesar en uno o ambos lados de la relación, y el peso impide disfrutar el idilio. Es entonces cuando hay que volver a renegociar las condiciones del convenio, y mientras aún quede algo de magia, existe la esperanza de reparar el huevo.

Por eso es tan importante saber que entrega cada quien en una relación, y que necesita uno del otro, aunque no me gustan las relaciones basadas en necesidad, pues muchas veces se busca en el otro cosas que se encuentran en uno mismo, como la compañía, la autoestima, el amor, o la aprobación; sin embargo los demás pueden ser un puente para encontrar dichas cosas en nuestro interior, sólo un puente, no la solución; es decir, el otro no nos completa, nos complementa. Prefiero las relaciones en las que no hay necesidad del otro, pues son las que más enriquecen. Por que cuando no se necesita y no hay egoísmo, lo único que se puede hacer es entregar y compartir, generando sinergia positiva. Así es que, mientras algunos describan una relación como lo hizo Arjona en una de sus canciones:
"Uno mas uno es uno si la suma somos tu y yo"

Yo opto por el punto de vista de Richard Bach, pese a que se divorció de su princesa:

"La suma de uno más uno, si son los seres adecuados, puede ser el infinito"

lunes, diciembre 25, 2006

Saludo de fin de año

Bajamos la cuesta, la subimos, o andamos en la cima, ya sea de un monte, una planicie o una meseta. Sin importar donde quiera que estemos ahora, otro año ha transcurrido, con aparentemente la misma cantidad de tiempo para cada quien; y digo aparentemente, por que a pesar del democrático transcurrir de las horas, para unos los días pasan lentamente, sin mayores percances o cambios, y para otros, muchos días han sido un vertiginoso viaje en montaña rusa.

Muchos hemos enfrentado grandes pruebas este año, ya sea de paciencia, de tolerancia, de valentía, de lealtad, de perdón, de constancia, de voluntad, etc. Del tipo de pruebas de las que no se sale ileso sin haber aprendido algo, sin haber crecido al menos un poco. Dichas pruebas son las que miden nuestro temple y nos preparan para nuevos futuros, quizá por eso, sin desearlas, las terminamos buscando.

Por lo anterior felicito a aquellos que no tuvieron pruebas, por mantenerse estables; a los que las tuvieron y salieron airosos, por haber evolucionado; a los que fracasaron en ellas, por tener la oportunidad de pensar en los errores y aprender de ellos; y a los que aún no salen a flote de su montaña de excremento, por disfrutar de un aprendizaje permanente. A Todos les envío mis felicitaciones de fin de año, mis bendiciones y los más sinceros deseos de que su vida transcurra según deseen.




"No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives."

lunes, diciembre 04, 2006

Capítulo II

Nuevamente retorno al lugar donde algunos de mis hijos medio-elaborados aguardan pacientemente por nuevos hermanos. La última ausencia fue mas larga que las anteriores, pero las mismas razones que nos alejan nos obligan a regresar. Por lo pronto deseo compartir con los transeúntes virtuales algunos pensamientos engendrados durante el último par de meses:
  • Vive una vida que merezca ser merecida.

  • ¿Para qué esperar por un futuro extraordinario, si se pude vivir un presente extraordinario?

  • Me dejo de importar lo que los demás pensaban de mi aspecto, cuando descubrí que quienes pensaban en ello, en realidad no piensan.

  • Podría no hacerlo, pero ¿por qué no hacerlo?

  • La satisfacción de un deseo nunca nos proporciona felicidad permanente, pero el deseo insatisfecho sí es causa de sufrimiento. El camino consiste en aprender a no desear.

jueves, octubre 12, 2006

Atesorar el tiempo

Aquellos que por alguna razón tuvieron la desgracia de terminar atrapados en el Holandés errante, el barco capitaneado por el terrible Davy Jones, debían elegir entre perecer de inmediato o convertirse en tripulantes-esclavos por cien años, mientras se transformaban lentamente en criaturas marinas que dedicaban su tiempo de ocio a apostar en un juego de dados la única posesión que tenían: El Tiempo, es decir el tiempo que les quedaba de esclavitud en el barco.

La aparente seguridad en la que permanecemos sumergidos nos hace creer que tenemos dinero, bienes, lujos y seres queridos, tanto como para confiar en ellos y hacer planes a largo plazo; pero de nada sirve tener posesiones si no contamos con el tiempo para disfrutarlas. Tener algo y no disfrutarlo es sólo atesorarlo. La experiencia nos enseña que de acuerdo a la forma como está constituído este universo, todo aquello que podemos tener se puede evaporar en cualquier momento; claro, también está la fe para esperar que no sea así, pero viéndolo objetivamente, no tenemos nada excepto lo que somos y el tiempo para disfrutarlo: un ser que se deteriora y un tiempo limitado.


Por eso es tan importante el presente, por eso es que la frase "vive intensamente" se pronuncia tanto; por que cada segundo que ocurre sin que nos demos cuenta es único e irrepetible. Cada instante de ira o de tristeza, cada tarde desperdiciada frente a un televisor sin que en nosotros surja la reflexión, cada vez que dejamos de ser conscientes de nuestra vida, es un trozo de existencia que se extingue. Por todo lo anterior, les invito a desarrollar una tarea: maximicemos los segundos de sentimientos positivos y minimicemos los de sentimientos negativos, tratemos de disfrutar el tiempo y no limitarnos simplemente a dejar que el universo fluya a nuestro alrededor. Seguro que lo vale.

jueves, octubre 05, 2006

Jóvenes extranjeros

La curiosidad me arrastraba desde hace unos días a volver a leer El extranjero, en parte por que releer un buen libro o repetir una película es como visitar viejos amigos que curiosamente envejecen tanto como uno, y también por que probablemente y de forma inconsciente el nombre de este blog se deba a dicho libro.

Aunque muy a mi pesar grandes partes de mi ser sienten como Mersault, en él identifiqué a todos aquellos adolescentes que viven con un sentimiento generalizado de desesperanza. Sin embargo, a pesar de comprender y aceptar la muerte como algo natural e inevitable, Mersault no desea morir, no por temor, si no por amor a la vida, pese a que su vida transcurra sin mayores significancias. En cambio se evidencia una tenue necesidad de autodestrucción en muchos jóvenes, sin importar nacionalidad, estrato social o cultural; no tienen la sensatez de Mersault, pero creen tenerla y pretenden ser demasido listos como para creer en lo que no conocen, lo cual es la enfermedad de occidente.

Mersault termina atrapado en el engranaje del sistema, al igual que todos nosotros, convirtiéndose en un símbolo de occidente y resultado del postmodernismo, pero con la sencillez de quien no se ha contaminado aún por el consumismo de nuestra civilización, aún cuando tiene la vista obtusa del pensamiento científico. Mientras tanto los medios arman maratones para adherirnos a los mismos engranajes, juzgando nuestra indiferencia, pero afianzándola, por que de ella depende su supervivencia.

miércoles, septiembre 13, 2006

La venganza del pollo

Despierto de madrugada entre el frío y la llovizna de la calle, debido a una sensación que no logro percibir. Enciendo las luces y casi escucho los pasos del sueño que huye raudo de la luz, dejandome insomne ante la noche madura, y es en ese instante cuando recuerdo el pollo broaster que compartímos la noche anterior en la casa de un amigo, el sabor del pollo, y un artículo reciente sobre el trato que le dan a los animales de consumo, el sufrimiento en su cautiverio, y mi compromiso de tratar de evitar el consumo de animales a menos que mi cuerpo me ruegue por proteína animal.

Casi añoro vivir en los tiempos en los que cada quien se procuraba su propio alimento, en los que se era nómada recolector y se vivía para el ocio y la contemplación de la vida. Tiempos quizá anteriores al descubrimiento del fuego que permitió cocinar la carne para hacerla más blanda, mejorar su sabor y convertirla parte de la dieta que nos transformó en la especie actual. Ahora no somos nómadas, somos tan sedentarios, que nisiquiera somos capaces de cazar nuestro propio alimento o recoger nuestras propias semillas; basta con hacer una llamada para que los alimentos lleguen a nuestro asiento sin necesidad de movernos. Somos los autores intelectuales de una masacre sin precedentes, de la cual casi nadie es consciente, aún teniendo la información. Tristemente para mejorar nuestra calidad de vida hemos de destrozar las de cientos de seres, y lo peor es que muchas personas nisiquiera alcanzan la felicidad en su diario vivir para hacer que la masacre valga la pena.

Alguna vez nos preguntamos ¿cuántos pollos commemos a lo largo de la vida, cuántas vacas, cuantos peces, cuántos cerdos? ¿Cuántas vidas se requieren para que un humano viva, y qué significado le damos a la nuestra? ¿Acaso es más digna que aquellas vidas que arrebatamos para subsistir, más feliz, o más libre de lo que hubiesen sido si tuvieran nuestra libertad? Quizá haciéndonos estas preguntas regularmente reconozcamos la inmensa responsabilidad de lo que significa comer carne, o optar como yo en reducir su consumo. El pollo ha cumplido su cometido.

jueves, septiembre 07, 2006

Receso

Tras más de seis meses de publicación semanal continua, finalmente varios sucesos se acumularon hasta limitar el tiempo de ocio a las horas de sueño, obligándome a dejar descansar esta bitácora por más de una semana. Es posible que mis visitantes habituales no hayan notado mi “corta” ausencia, pero yo si que lo he hecho; todos los días surgen nuevas ideas que me gustaría compartir, pero el filtro riguroso del tiempo me obliga a priorizarlas, atiborrándolas en mi inmensa lista de cosas por hacer, lo que me comprometería a vivir muchas decenas de años si no fuera por que finalmente descubrí que es más importante sentir que hacer. Sin embargo y a pesar de mi hedonismo, tengo corazón de ingeniero, casi que por encima del de artista, de forma tal que tengo la necesidad de construir para ser feliz; lo que incluye, la construcción de puentes con palabras que permitan acortar las distancias entre nuestras individualidades.

Muchas ideas seguro se quedarán sin compartir; otras en cambio ya habrán hastiado a aquellos con quienes comparto mis historias. Por lo pronto seguiré con mi compromiso de mejorar mis habilidades, de buscar la libertad al expresarme, de generar conciencia o de afianzarla, de mostrar mi repudio hacia la insensatez de occidente y de entregar honesta y gustosamente algo de mí a quien el azar traiga a esta playa. Sólo eso es cuanto pretendo.