jueves, mayo 17, 2007

Sobre la bendición de la memoria

Hace tiempo mis palabras rodaron sobre las desventajas de no lograr olvidar cuando los demás ya lo han hecho; ahora deseo escribir sobre las desventajas de la mancha gris que cubre los recuerdos denominada olvido.

Esa mancha comenzó a extenderse como una densa neblina entre mi y mis amigos después de los veinte años. Inicialmente apareció entre las conversaciones casuales en las que evocábamos el pasado; luego continuó minando nuestros sueños, nuestros deseos y esperanzas hasta hacer olvidar a algunos del valor de su unicidad para convertirlos un ladrillo más en el muro del sistema, transformándoles en adultos sin otro fin que sobrevivir para sobrevivir, mientras que yo me quedé atrincherado en la soledad de no poder envejecer, conservando la memoria colectiva de mi entorno.

Sin embargo de no olvidar surge la inmensa ventaja de ganar experiencia más rápido, de reconocer que un error sólo se comete la primera vez, por que la segunda es estupidez, y de comprender que de nada sirve leer cien libros al año y ver cincuenta películas, si doce meses después a duras penas se recuerda el nombre.

Llegará el día en el que el olvido llegue también a mi y mi memoria a a largo plazo se vuelva tan efímera como la de corto. Olvidaré dónde y de quien aprendí lo que sé y hablaré con palabras ajenas como si fueran propias; se perderán para siempre los recuerdos vividos con Hesse, Bach, Gibran y Becquer, Burton, Sabina, Booch y tantos otros maestros fortuitos. Ese día quizá comprenda y sea comprendido, pero mientras tanto me dedicaré a regocijarme con mis recuerdos.

lunes, abril 30, 2007

Sobre el valor y el precio

Las máscaras, como personajes permanentes de la civilización, han acompañado a la humanidad desde sus inicios; ya sea escondiendo la verdadera esencia de lo que ocultan o tratando aparentar algo distinto a lo que se es. Más no hace falta una máscara material para ocultar la verdadera faz; basta con un sutil engaño que distraiga al observador, produciendo confusión, aún cuando él crea ver la realidad.

Lentamente nos sumergimos en un lago inmenso que enmascara el mundo, y nuestra "realidad" se distancia de nuestra verdadera realidad; las cosas dejan de valer lo que valen, para costar lo que cuestan. Las personas se valoran de acuerdo al precio, y lo valioso es sub-valorado. Una prenda de vestir es una prenda de vestir, solamente eso, no vale más por que cueste más dinero; de igual forma se deteriorará, se mojará con lluvia o se quemará con las brasas. Un alimento es sólo eso, las moléculas que lo componen; una marca no es algo que se coma, lo importante no es el costo ni la marca de una alimento, si no la calidad alimenticia. Un trabajo es eso, la obra de una persona; no todos los trabajos cuestan lo que valen, ni valen lo que cuestan. La belleza es un estado espiritual, no corporal, y el aspecto es un paradigma cultural que cambia con el tiempo. La belleza esta sub-valorada y el aspecto super-valorado, aunque nos hagan creer que son lo mismo.

Aquél que tiene poder para acceder a los medios, puede imponer sus preferencias y tratar de decidir por nosotros como gastar nuestro dinero; de nosotros depende no sucumbir al engaño y dar a las las cosas el valor que se merecen.

miércoles, abril 11, 2007

Salvando al planeta

Tener la capacidad de hacer algo no implica la obligación de hacerlo, y pese a que la humanidad tiene el potencial de destruir el planeta, es decisión de todos colaborar para evitar o acelerar la hecatombe. Por si acaso la desinformación es una excusa para justificar nuestros actos, invito a reflexionar sobre los siguientes temas y así decidir de cual bando estamos:
  • Alguien dijo que el alimento de los pobres lo consumen las vacas de los ricos. Teniendo en cuenta que para producir un kilo se carne se requieren 20.515 litros de agua, 8.3 litros de gasolina, y 10-20 kg. de cereales y otras plantas, podríamos dar algo de razón al autor de dicha frase. Sin embargo no estamos hablando sólo de equidad: es cuestión de supervivencia. Esto es sólo un resumen; recomiendo este enlace: http://www.elecolo.com/?p=2001, o si hay tiempo suficiente, invito a buscar ¿Qué se requiere para producir un kilo de carne? Garantizo al menos una sorpresa.
  • Entre los artefactos que se han inventado los humanos para engañar a la soledad se encuentran los dispositivos móviles, que van desde un radio de transistor hasta un ipod. Claro, evitar la soledad no es la única razón (¿o tal vez en el fondo sí?), pero el punto al que deseo llegar es que dichos dispositivos requieren energía para funcionar. Si un reproductor de archivos mp3 puede consumir un par de baterías (pilas) AAA al mes, estaríamos hablando de unas 24 baterías al año. Ahora contextualicemonos considerando los siguientes datos encontrados en éste documento de greenpeace:
    • Una pila de mercurio puede contaminar 600 mil litros de agua;
    • Una de zinc-aire, 12 mil litros;
    • Una de óxido de plata, 14 mil litros;
    • Una alcalina, 167 mil litros de agua,
    • Una de carbón-zinc 3 mil litros.
  • Finalmente, y para no extenderme demasiado, ¿alguna vez han pensado cuanto tarda un chicle en descomponerse? Respuesta

¿Que hacer para salvar el planeta? No se trata de no comer carne en absoluto, de no tener automóvil, de no escuchar radio. Se trata de hacer un uso consciente y racional de la tecnología y comprender que por el hecho que la civilización nos suministre mucho más de lo que necesitemos, no estamos en la obligación de consumir. Podemos reducir el consumo de carne a una o dos veces por semana (o por mes), utilizar baterías recargables que cuestan 10 veces más pero duran al menos 200 veces más y reciclar al máximo, aún cuando el camión de la basura mezcle todos lo paquetes (existe la posibilidad que un reciclador encuentre el material antes que el camión llegue, y además el buen ejemplo nunca sobra).

martes, marzo 20, 2007

Sobre la domesticación

Nina tiene menos de un año; su pelaje recuerda un pequeño tigre de Bengala desteñido, y su maullido suele evocar el llanto de un bebé. Tal vez no pese más de tres kilos y quizá sea esa la razón por la que los niños se consideran superiores a ella.

Lo que los niños ignoran es que Nina al nacer ya tenía todos los conocimientos que se requieren para sobrevivir en cualquier lugar; que su piel y sus garras la hacen más fuerte y autónoma que ellos, y que si acaso busca sentido a su existencia, no será para averiguar si la vida vale o no la pena. Ellos sólo ven a una criatura inferior que hay que reprimir como ellos son reprimidos por sus padres, y que evoca tanta ternura como para abrazarla en contra de su voluntad.

Lo que Nina ignora es que desde que nació, y pese a sus habilidades, viene de un linaje de esclavos. Y no solo ella, también todos aquellos seres que han sido seducidos por lo que los humanos llaman domesticación; ya que aunque tenga todo cuanto requiera, carece de algo que poseía en su hábitat inicial: La propiedad sobre sí misma. También ignora Nina que tiene más sabiduría que muchos humanos que han utilizado su libre albedrío para crecer en estupidez; aunque dichos humanos no tengan la sabiduría para reconocerlo.

El comportamiento de Los niños hacia Nina se extiende como un fractal (en el que el patrón que se repite es la toma de decisiones por aquél que se considera inferior), hasta una escala mundial, donde las naciones que se consideran más poderosas desean a su vez domesticar al resto del mundo, pasando por alto la "libertad de equivocarnos" de la que habló Gandhi. La diferencia es que a dicha escala el problema toma otra connotación: Aquélla nación cuyo objetivo principal es la protección de los intereses de sus habitantes por encima de los intereses del resto del planeta, sufre de un egoísmo infantil que más que ignorante, es malvado.

jueves, marzo 15, 2007

Sin tiempo

Miércoles en la noche. Mi cuerpo está rendido y mi mente ansía ir a dormir, pero un sentimiento interior me obliga a estar despierto. Escarbo la red tratando de encontrar lo que debo buscar, no lo encuentro. Trato de escribir, pero estoy demasiado cansado para escribir algo decente. Sólo improviso.

Recuerdo cuanto tenía cuatro años y tenía que esperar la eterna media hora antes de las cuatro de la tarde, hora a la que comenzaba Plaza Sésamo; ahora media hora se va en un fugaz suspiro. Estoy rodeado por muchos libros que no puedo terminar de leer, de proyectos inconclusos, de palabras por enlazar; y a pesar de tener escasos momentos de ocio no me queda tiempo y a esta hora mi cuerpo me pide a gritos que me vaya a la cama. Si mi subsistencia estuviera garantizada, haría exactamente lo mismo, por que este modo de vida es que me hace feliz. Aún si mi tiempo estuviera garantizado y conociera los días que me restan me la pasaría brincando entre líneas de código de lenguajes de programación, algoritmos, estructuras sociales, cine, literatura, diseño de muebles, administración, sistemas, procesamiento de imágenes y juegos de computador, celular o Palm, Eso sin contar con mis amigos y lo que comparto con cada uno de ellos.

Es el peso de ser efímero, y para no pensar en ello, voy a seguirle el juego a Morfeo.

miércoles, febrero 28, 2007

Recuento I

Un año atrás comencé a construir este pequeño refugio, enlazado en la gran telaraña de información. Refugio para mí, para poder depositar mis palabras, vaso canopo para mis pensamientos, solaz para alguna idea que aparece furtiva entre los humeantes ruidos de la ciudad.

Podría extenderme en mi egocentrismo hablando sobre los escritos del último año, y aunque no puedo negar que tengo algunos hijos preferidos, prefiero invitar a los viajeros casuales a hacer un recorrido sobre las palabras pasadas, y si fuese necesario, a dejar un comentario.

domingo, febrero 18, 2007

Sobre los sonidos Queridos

Las vibraciones cruzan todo cuanto vemos, pero sólo al ser atendidas por el oído toman significado. Algunas son permanentes como el bramido de la ciudad; otras son ocasionales como la voz de los seres amados, de la naturaleza, del agua. Pero hay sonidos que invocamos para profundizar en el océano de nuestras emociones, ya sea para entender nuestros sentimientos o para intensificarlos. Aveces la música es como el licor que embriaga para olvidar, aveces la mezclamos con licor para hacer más intenso el viaje hacia nuestros afectos.

A pesar de ello, mi mundo es un mundo sin música, de muy pocos sonidos, por que los sonidos queridos me distraen demasiado y los que no lo son, no me interesan; tal vez sea esa la razón por la que no escucho radio. Sólo están en mi top 100 de canciones, aquellas que desencadenan en mí un recuerdo emotivo, las llamo la banda sonora de mi vida, a la que ocasionalmente se añade una nueva canción cuando una vivencia la vincula a un instante, como ocurrió hoy, cuando un sentimiento de melancolía me llevó a buscar los viejos temas de Marco Masini, quien no logró conmoverme; pero a través del laberinto de los hiperenlaces, pasando por Elton John, Julieta Venegas y la Oreja de Van Gogh, apareció mágicamente Meat Loaf (interprete de mi tema favorito), con una canción compuesta por Jim Steinman (autor de mi tema favorito) y anteriormente cantada magníficamente por Celine Dion, cuyo vídeo me gusta mucho. Un nuevo tema se añade a mi lista.