lunes, diciembre 31, 2007

Saludo de fin de año 2007

Con el afecto que me merecen, deseo que el año que llega traiga consigo aguaceros de bendiciones, oleadas de alegría, tormentas de satisfacción e inundaciones de abrazos. Que cada obra que realicemos hable bien de nosotros, que cada palabra sea la correcta, y que cada nuevo día nos llene de orgullo por lo que somos.

Gracias a todos por el pasado compartido, a los que estan y a los que se fueron por haber hilado el tejido que conduce al presente; gracias a los que estarán, por las vivencias futuras...

y un muy FELIZ AÑO!!!!

H.

sábado, diciembre 01, 2007

Sin palabras

Pasada la media noche, con cuatro cervezas en la cabeza, tengo el deseo insaciable de decir algo para lo cual no tengo palabras, de manifestar un sentimiento indescriptible, de compartir algo intangible, de regalar algo intocable. Por distraerme busco nuevas formas de hacer fuego, tratando de evocar tiempos en los que el hombre era no menos inteligente y más sensato. Exorcizo del olvido los sonidos de Pink Floyd mientras busco en mis recuerdos una belleza inefable, innombrable, inconcebible, inalterable, inexistente. Hay demasiada gente en mi, y en cada uno de nosotros, tanta, que aveces nuestro tiempo no es suficiente para escuchar todas nuestras voces. Mañana será otro día.

martes, noviembre 13, 2007

Sobre las busquedas instintivas

LOS pies me guiaron, por las calles brillantes de plata y dorado producto del romance entre las lámparas y la lluvia nocturna, hasta el bar London, rodeado de estruendos multifolclóricos, provenientes de los demás bares de la calle; muy a diferencia de ocho años antes cuando dicho bar se encontraba solitario en una esquina a unas calles de distancia.

El rock, la cerveza, los videos. A ninguno de ellos recurro por instinto y sin embargo, cuando se combinan siento un bienestar que no se encuentra en otros entornos, o en algunos lugares más que en otros, como Abbot y Costello o Ministry diez años atrás. Es el mismo bienestar que se siente al compartir junto a quien se estima una conversación absurda o interesante, una cerveza, una película, una conferencia, un proyecto, una idea, una comida, una confesión, etc. De releer un libro de hojas ajadas, de escuchar un CD o un ver DVD mareados de tanto girar, o un VHS con la cinta rayada. Es la sensación de encontrar el hogar, pero no un hogar permanente, si no uno transitorio; uno al que se puede acudir justo cuando se necesita de algo que compartir.

Muchas veces en el primer encuentro con algo o alguien, sentimos aquélla sensación que nos indica que aquello que hemos hallado nos acompañará el resto de nuestras vidas; es el bienestar de dejarse llevar por el instinto, convirtiendo a las personas, libros, peliculas, olores, colores o lugares en amigos, cuya ausencia no hace infeliz, pero cuya presencia nos hace más felices aún, es decir, se convierten en complemento de lo que somos, o mejor aún, nos complementamos, cuando estamos con ellos. Cuando el instinto guía nuestros pasos, siempre nos conduce al hogar.

jueves, noviembre 08, 2007

Evasión

Jueves al mediodía bajo el cielo de una ciudad azotada por el frío y la lluvia incesante; y aunque debiera estar en la oficina construyendo alguna fracción de un producto de software que se ha de asemejar a una obra de arte abstracta para el crítico conocedor, opto por permanecer en casa tratando en vano de finalizar un trabajo por encargo, que en cambio dista mucho de ser bello, pero que es un compromiso de palabra, lo que lo hace más importante que el dinero.



Así es como a pesar del frío y el tedio ejecuto Visual Studio, y en el instante en que aparecen las líneas de código en Visual basic, cambio rápidamente de aplicación, abro Messenger, miro quien está conectado, saludo un par de amigos, y comienzo a cerrar ventanas de turcos que creen que soy algún conocido; "juemadres turcos", es lo que siempre pienso. Vuelvo a Visual Studio, trato de recordar lo que iba a hacer, reviso un par de líneas. Es tan sencillo que cualquiera que estuviera entrenado podría hacerlo, pero una barrera mental me detiene y cambio la aplicación. Esta vez es Firefox, abro la página de YouTube y busco videos de Vanessa Mae. Creo que ya se de quien será el próximo CD que compre. Y mientras Vanessa toca su contradanza, descubro que es en vano trabajar hoy aquí, que mi voluntad no es suficiente para hacerme concentrar en el encargo, e instintivamente abro Blogger y empiezo a escribir esto. Ahora noto que está tarde y que debo ir a la oficina. Gracias al jefe allá no tengo Internet.

viernes, octubre 26, 2007

La soledad de Peter pan

Peter Pan nunca llegó a los treinta. Se salvó del desconcierto de ver a sus amigos y amigas dejarse seducir lentamente por la amnesia del tiempo, olvidar sus ilusiones, casarse, reproducirse, divorciarse, aspirar a un futuro mejor que el presente, engordar, encanecer o sufrir de calvicie. También escapó (salvo por Wendy), de lidiar con las complejidades de la pareja, de tener que escoger a alguien lo suficientemente adecuado, de la angustia de no encontrar a nadie de su especie, de los húmedos placeres y las resbalosos y escarpados abismos de la sexualidad, de soportar en silencio la incomprensión para no hacer daño, de las discusiones, de las reconciliaciones de los sabores y olores de su pareja. Se salvó de un trabajo, de tener que esforzarse por ser ser algo en vez de ser alguien, de hacer venias por ganar favores o de perder favores por no hacer venias, de formar un capital y ahorrar para el futuro, del éxito o del fracaso.

Peter Pan Nunca sufrió síndrome de Peter Pan.

sábado, junio 02, 2007

Sobre el derecho a la diferencia

La esclavitud, que hizo prósperas civilizaciones enteras y enriqueció linajes durante años, inició su decadencia cuando la humanidad tuvo el valor de quitarse las vendas de la indiferencia, y comenzó a valorar la vida de todos los hombres, haciéndoles dignos de sus derechos. Aún ahora hay quienes se rehúsan a quitarse dicha venda, y hay brotes de racismo en todo el mundo, pero esos brotes permanecerán controlados, mientras la ignorancia se mantenga contenida, y la educación evite que las desigualdades entre los hombres justifiquen las guerras por el poder.


Desafortunadamente la transición hasta ver a todos los hombres como iguales ha sido muy lenta (de miles de años), y aún es probable que en cualquier momento, en cualquier lugar del mundo explote una guerra sectaria. Sin embargo, hay que reconocer que al menos legalmente se han comenzado a reconocer los derechos en las constituciones nacionales, pese a que hace tan solo un siglo, sin importar la raza y clase social, las mujeres estuvieron excluidas del derecho a elegir sus líderes, y que también, hasta hace poco se hace un énfasis real en la aplicación de los derechos del niño.

La tendencia escolarizadora de los dos últimos siglos, sumada al aumento de información, han sido, desde mi punto de vista, la principal razón por la que los movimientos libertarios han tenido éxito. Los ejemplos más universales (por ejemplo, la abolición del maltrato) se imponen sobre paradigmas sociales indefendibles (tristemente también sobre las culturas débiles). Al conocer nuevas culturas y formas de vivir, el circulo de empatía se extiende cada vez más lejos de nosotros, de nuestras familias y allegados. Queremos tener más derechos y procuramos defenderlos.

Preocupante es reconocer que, si hemos tardado tanto tiempo en reconocer que todos los hombres tenemos los mismos derechos, ¿Cuánto tiempo tardaremos en reconocer y hacer valer los derechos de los animales?. Muchas personas alegarán superioridad sobre los animales (como lo hicieron antaño los esclavistas), para muchos tener mascota es un derecho, sin importar que trato se dé al animal (como los esclavistas), y otros se justificarán diciendo que los animales están mejor en casa que en la calle (como también lo hicieron quienes defendieron la esclavitud). Debido a que tengo una mascota, me sumo al grupo de los esclavistas, y lo mejor que puedo hacer para remediar la situación es dar el mejor trato posible a mi gato y garantizar el cumplimiento de sus derechos, como lo harían todos los que se encuentren en mi situación, lo que beneficiaría a los animales domésticos; el problema es que no todos los animales son domésticos y hasta ahora la humanidad (como siempre antropocentrista) trata de abogar por los derechos de los animales que les recuerdan a si mismos: los chimpancés, los gorilas, los delfines, las ballenas, etc.

Si comparamos el arduo camino recorrido por occidente para reconocer que todos tenemos los mismos derechos, con el fervoroso respeto por la vida sugerido por el budismo, descubrimos el inmenso retraso espiritual que tenemos frente a oriente (que opaca de lejos el retraso tecnológico de los países subdesarrollados frente a los desarrollados). Lamentablemente, como dije anteriormente, los ejemplos más universales se imponen, y es así como Oriente y las culturas indígenas de América, están siendo devorados por la occidentalización, frente a lo cual, lo único que podemos hacer es rezar, dar buen ejemplo y añorar con ver el día en que un árbol tenga los mismos derechos que un hombre.

jueves, mayo 17, 2007

Sobre la bendición de la memoria

Hace tiempo mis palabras rodaron sobre las desventajas de no lograr olvidar cuando los demás ya lo han hecho; ahora deseo escribir sobre las desventajas de la mancha gris que cubre los recuerdos denominada olvido.

Esa mancha comenzó a extenderse como una densa neblina entre mi y mis amigos después de los veinte años. Inicialmente apareció entre las conversaciones casuales en las que evocábamos el pasado; luego continuó minando nuestros sueños, nuestros deseos y esperanzas hasta hacer olvidar a algunos del valor de su unicidad para convertirlos un ladrillo más en el muro del sistema, transformándoles en adultos sin otro fin que sobrevivir para sobrevivir, mientras que yo me quedé atrincherado en la soledad de no poder envejecer, conservando la memoria colectiva de mi entorno.

Sin embargo de no olvidar surge la inmensa ventaja de ganar experiencia más rápido, de reconocer que un error sólo se comete la primera vez, por que la segunda es estupidez, y de comprender que de nada sirve leer cien libros al año y ver cincuenta películas, si doce meses después a duras penas se recuerda el nombre.

Llegará el día en el que el olvido llegue también a mi y mi memoria a a largo plazo se vuelva tan efímera como la de corto. Olvidaré dónde y de quien aprendí lo que sé y hablaré con palabras ajenas como si fueran propias; se perderán para siempre los recuerdos vividos con Hesse, Bach, Gibran y Becquer, Burton, Sabina, Booch y tantos otros maestros fortuitos. Ese día quizá comprenda y sea comprendido, pero mientras tanto me dedicaré a regocijarme con mis recuerdos.