sábado, junio 02, 2007

Sobre el derecho a la diferencia

La esclavitud, que hizo prósperas civilizaciones enteras y enriqueció linajes durante años, inició su decadencia cuando la humanidad tuvo el valor de quitarse las vendas de la indiferencia, y comenzó a valorar la vida de todos los hombres, haciéndoles dignos de sus derechos. Aún ahora hay quienes se rehúsan a quitarse dicha venda, y hay brotes de racismo en todo el mundo, pero esos brotes permanecerán controlados, mientras la ignorancia se mantenga contenida, y la educación evite que las desigualdades entre los hombres justifiquen las guerras por el poder.


Desafortunadamente la transición hasta ver a todos los hombres como iguales ha sido muy lenta (de miles de años), y aún es probable que en cualquier momento, en cualquier lugar del mundo explote una guerra sectaria. Sin embargo, hay que reconocer que al menos legalmente se han comenzado a reconocer los derechos en las constituciones nacionales, pese a que hace tan solo un siglo, sin importar la raza y clase social, las mujeres estuvieron excluidas del derecho a elegir sus líderes, y que también, hasta hace poco se hace un énfasis real en la aplicación de los derechos del niño.

La tendencia escolarizadora de los dos últimos siglos, sumada al aumento de información, han sido, desde mi punto de vista, la principal razón por la que los movimientos libertarios han tenido éxito. Los ejemplos más universales (por ejemplo, la abolición del maltrato) se imponen sobre paradigmas sociales indefendibles (tristemente también sobre las culturas débiles). Al conocer nuevas culturas y formas de vivir, el circulo de empatía se extiende cada vez más lejos de nosotros, de nuestras familias y allegados. Queremos tener más derechos y procuramos defenderlos.

Preocupante es reconocer que, si hemos tardado tanto tiempo en reconocer que todos los hombres tenemos los mismos derechos, ¿Cuánto tiempo tardaremos en reconocer y hacer valer los derechos de los animales?. Muchas personas alegarán superioridad sobre los animales (como lo hicieron antaño los esclavistas), para muchos tener mascota es un derecho, sin importar que trato se dé al animal (como los esclavistas), y otros se justificarán diciendo que los animales están mejor en casa que en la calle (como también lo hicieron quienes defendieron la esclavitud). Debido a que tengo una mascota, me sumo al grupo de los esclavistas, y lo mejor que puedo hacer para remediar la situación es dar el mejor trato posible a mi gato y garantizar el cumplimiento de sus derechos, como lo harían todos los que se encuentren en mi situación, lo que beneficiaría a los animales domésticos; el problema es que no todos los animales son domésticos y hasta ahora la humanidad (como siempre antropocentrista) trata de abogar por los derechos de los animales que les recuerdan a si mismos: los chimpancés, los gorilas, los delfines, las ballenas, etc.

Si comparamos el arduo camino recorrido por occidente para reconocer que todos tenemos los mismos derechos, con el fervoroso respeto por la vida sugerido por el budismo, descubrimos el inmenso retraso espiritual que tenemos frente a oriente (que opaca de lejos el retraso tecnológico de los países subdesarrollados frente a los desarrollados). Lamentablemente, como dije anteriormente, los ejemplos más universales se imponen, y es así como Oriente y las culturas indígenas de América, están siendo devorados por la occidentalización, frente a lo cual, lo único que podemos hacer es rezar, dar buen ejemplo y añorar con ver el día en que un árbol tenga los mismos derechos que un hombre.