domingo, septiembre 13, 2009

Sobre la honestidad

Muchos de nosotros hemos crecido dentro de una cultura de en la que la deshonestidad es implícitamente permitida como algo socialmente aceptable, aunque legalmente condenable. Es así como muchos saben de casos de corrupción en los que algunos se niegan a denunciar a sabiendas de no ser escuchados, otros por temor de sufrir los perjuicios de sus denuncias y otros buscando el beneficio propio. Más son comunes otros casos de deshonestidad más sutiles, que por ignorancia se cometen a diario y consisten en la violación de los derechos de los demás; un ejemplo vívido es la violación del derecho de autor.

La honestidad, al igual que la bondad, debería ser ante todo una política de vida, no sólo un medio para buscar recompensa, y la actitud honesta debe estar presente siempre, aún cuando nadie nos ve. Por ejemplo, es posible que Bill Gates, Steven Spielberg o García Marquez no necesiten el dinero que les aportamos al comprar software, películas, o libros; pero por engendrar sus productos, adquiren varios derechos (inviolables, por lo tanto) que no se deben pasar por alto, uno de ellos es el derecho a usufructuar sus obras; derecho contra el cual atenta la piratería. Claro, tambień estan en su derecho de no cobrar por las obras donandolas al dominio público, o ofrecerlas mediante un esquema de licenciamiento distinto al tradicional, pero precisamente por eso es un derecho.

Si no sólo actuamos correctamente cuando somos observados o castigados, significa que somos incapaces de autoregularnos. Si no no hay autoregulación estamos justificando la existencia de estado opresor que nos regule, alejándonos de la utopía del anarquismo.


lunes, septiembre 07, 2009

De ropajes y ecuaciones

Asomados tras el limpio cristal de centro comercial miran los ojos inertes del maniquí que luce los vestidos de la colección anterior junto con un letrero de saldos. A su lado, otro maniquí luce las prendas de la colección actual, tres veces más costosas, tres veces más nuevas.

Quienes opten por la colección de moda, desearán parecer como lo hace la mayoría, ser uno más del grupo, una ficha que se integra en el rompecabezas de la desintegración de la personalidad. otros, a riesgo de ser juzgadas o excluidas del grupo, optarán por la colección anterior, que si bien más económica, les permitirá camuflarse de los juicios colectivos por el tiempo de la duración de la prenda. Y finalmente están aquellos que optarán por ir a un almacén menos lujoso, donde verán las misma colecciones o similares, de la misma calidad, pero sin la marquilla que vale tres veces más que la prenda.

Lo que muchos pasamos por alto al momento de hacer las compras, es que el dinero con que pagamos es el producto de nuestro trabajo; del tiempo que hemos dejado de vivir para nosotros mismos, para intercambiarlo por dinero a las empresas para las que trabajamos. Es decir intercambiamos tiempo por bienes. El tiempo que dejamos de estar con familias, amigos o diversión. Si se tomara esa variable en la ecuación del consumismo, ¿el resultado sería el mismo?